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Es un rasgo característico del descubrimiento del Río de la Plata y de Méjico, que sus dos primitivos y más genuinos historiadores sean dos obscuros soldados que, al contar lo que hicieron, se hayan hecho célebres por sus escritos, legando a la posteridad, no sólo un auténtico documento histórico, sino también una obra original, espontánea, hija del instinto y de la observación propia, y por lo mismo llena de la más imparcial y equitativa verdad, y uno de ellos, con una animación y colorido, cual el más consumado arte literario no ha podido jamás reflejar en sus páginas.
La obra de Schmidl [...], alemán de temperamento flemático, observador atento y tranquilo de la naturaleza, sin imaginación y despreocupado aunque no exento de preocupaciones vulgares y de prevenciones personales, narra seca y concisamente los hechos, establece las fechas, determina las distancias, describe lo que ve como lo comprende, sin ornamentos de estilo ni divagaciones, y sólo de vez en cuando formula un juicio, hace una reflexión o consigna datos etnográficos, geográficos, estadísticos, astronómicos o de historia natural, que en breves rasgos nos dan un retrato, bosquejan una comarca, describen un animal o una planta, señalan un punto en el espacio o dan idea de razas y costumbres perdidas, suministrando a la vez elementos preciosos para la cronología y para la historia de la colonización inicial del Río de la Plata por la raza europea.
Son documentos históricos a la vez que elementos morales, que explican los hechos y los ilustran, animándolos con cierto soplo democrático, que hace vibrar la fibra humana a través del tiempo.
Bartolomé Mitre
“Su obra es la más exacta, la más puntual en las situaciones y distancias de los lugares, y la más ingenua e imparcial”, Félix de Azara.
“Su relación quedará como un documento importante de la colonización europea en América, y sería bien precioso que existiesen otras relaciones de la misma época tan dignas de fe, sobre las demás comarcas de la América del Sud”, Carlos Germán Burmeister.
Sobre el autor: Ulrico Schmidl nació en Estraubingen en 1510 y falleció en Regensburg en 1579. Fue un soldado alemán. El 1º de septiembre de 1534 —según relata Schmidl— salió de Sanlúcar con la expedición del Adelantado don Pedro de Mendoza, con destino al Río de la Plata. Esta expedición se componía de 14 grandes navíos, con 2.500 hombres y 150 soldados de la alta Alemania, flamencos y sajones. Junto con él vivió los horrores de la primera fundación de Buenos Aires. Durante más de veinte años recorre lo que denominó “Paraíso de las selvas del Paraguay y Chaco”. Sus relatos, testimonios de un conquistador no español, se convirtieron en las primeras crónicas de los territorios que luego serían Argentina y Paraguay. Fueron publicados por primera vez en 1567, en alemán. En 1599 se publicaron en latín, en una edición de Levinus Hulsius, y, en el mismo año, en la séptima parte de los grandes viajes de Teodoro de Bry, tanto en latín como en alemán. En 1554 regresa a Estraubingen, donde hereda el patrimonio de su hermano y se convierte en concejal. Sin embargo, en 1962 debe huir de la ciudad por profesar el luteranismo, dirigiéndose a Regensburg en 1952, donde fallece en 1579.
ISBN: 978-950-620-264-4 - Formato: 16 x 22 cm - Encuadernación rústica - Pág. 320.
Editorial Claridad, Buenos Aires
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